David Robertson anunció este viernes su retiro del béisbol profesional luego de 17 temporadas en las Grandes Ligas, poniendo fin a una trayectoria que lo llevó por ocho organizaciones y le dio un lugar reconocido entre los relevistas de su generación.
A sus 40 años, el derecho colgó los ganchos con una gran reputación, una de lanzador capaz de entrar en el momento más incómodos del juego y salir con el estadio en silencio, cosa que no siempre se puede reflejar en estadísticas. En el Bronx, se ganó el sobrenombre de “Houdini” a partir del año 2011, uno que reflejaba su capacidad de “escapar” ante las situaciones de amenaza contraria.
Para los Yankees de Nueva York, David Robertson fue de las piezas más valiosas del bullpen durante varios años. Su punto más alto empezó a verse con claridad en 2009, cuando formó parte del último equipo neoyorquino campeón de Serie Mundial. En esa época no era el cerrador, pues a Mariano Rivera nadie le arrebataba ese puesto, pero sí figuraba como un diestro al que se le pedía sacar outs con tráfico y en momentos de alta tensión.
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Un legado que deja David Robertson en los Yankees de Nueva York
En el año 2011, el oriundo de Birmingham, Alabama, alcanzó su consagración individual al integrar el equipo del Juego de Estrellas de la Liga Americana. Esa misma temporada, su rendimiento fue tan dominante que, además de ser All-Star, recibió votos para Cy Young, respaldado por una efectividad de 1.08 y 34 holds en 70 apariciones.
Cuando el ciclo de Mariano Rivera llegó a su fin, David Robertson tomó el puesto de cerrojo de los Yankees de Nueva York en 2014 y respondió con 39 salvados, el inicio de tres temporadas consecutivas con 30 o más rescates.
Tuvo participaciones en 10 postemporadas de la MLB a lo largo de su trayectoria, siempre luciendo como un brazo al que había que tenerle respeto.
Además, fuera del diamante también tuvo impacto comunitario con la fundación High Socks for Hope, creada junto a su esposa tras los tornados que golpearon Alabama en 2011. De esa manera, amplió su legado más allá del terreno de juego.
Desde ahora, el veterano pasará a ver “los toros desde la barrera”, pero su impacto en el juego en sus años activos quedará grabado en cada bateador que lo enfrentó y en los fanáticos que fueron testigos de su dominante recta cortada y, por supuesto, su indomable curva de nudillos.






