Luego de la victoria sobre Estados Unidos en la Final del Clásico Mundial, Venezuela le recordó al mundo el por qué se le considera una potencia en el béisbol.
La respuesta va más allá de obtener el primer título para la Vinotinto en este torneo, posiblemente una de las más grandes hazañas del deporte para el país, o por conseguir revancha tras la dolorosa que sufrió la selección nacional ante el conjunto estadounidense en la edición anterior.

Como todo país latinoamericano donde él béisbol representa su pasatiempo primordial, este deporte se encuentra dentro del ADN de cada venezolano, y lo vive y celebra como si fuera una gran fiesta, lo cual quedó demostrado ayer en el Ian Depot Park de Miami, donde fueron los criollos quienes parecían el conjunto local.
Y desde que se jugó la primera edición del Clásico Mundial en 2006, cada peletero, managers, coaches, mesa directiva y fanático de Venezuela soñaba con que algún día, nuestros mejores exponentes del béisbol en el planeta llevarían al país a lo más alto.
El corazón de Venezuela
Posiblemente lo más resaltante fue que se lo obtuvo con un grupo que, aunque talentoso, se encontraba un poco por debajo de otros peloteros que participaron en ediciones anteriores, como Miguel Cabrera, Johan Santana o Víctor Martínez, quienes formaron parte del cuerpo técnico del nuevo monarca del béisbol.
Tampoco debemos recordar que este equipo fue duramente golpeado por las lesiones (Pablo López), prohibiciones (José Altuve, José Alvarado y Miguel Rojas) y negativas de algunos peloteros (Jesús Luzardo y Robert Suárez), situación que complicó la confección del róster para este torneo.

Pero como lo expresó Javier Sanoja después del encuentro, quizás la falta de esas figuras permitió que este grupo se compenetrara de una forma nunca antes vista en una selección de Venezuela, que jugó cada partido como si fuera el último, incluso en su única derrota frente a República Dominicana.
Dicho grupo fue perfectamente manejado por Omar López, quien fue duramente criticado tras las dos derrotas en los encuentros de preparación y la derrota ante Dominicana. Pero que realizó los movimientos correctos en donde más importaba, y podrá decir que se va de la selección con el objetivo cumplido.
Fanáticos, un favor fundamental
No obstante, fueron los fanáticos, no solamente los que asistieron al estadio, sino también quienes lo siguieron desde cada rincón del planeta, lo que dieron ese “plus” adicional a los peloteros; debido a que nunca dejaron de alentar incluso cuando la presión apremiaba, y celebraron cada jugada como si fuera la última.
“Jugamos para ustedes y por ustedes. Venezuela merecía esta felicidad… Ya saben por qué. Para mí no me cabe el orgullo en el pecho de ser venezolano. Gracias a Dios y a mis padres por ser venezolano y gracias a todos ustedes por el apoyo”, expresó Willson Contreras.

Este torneo marca un punto final para veteranos consagrados como Salvador Pérez y Eugenio Suárez, quienes debido a sus edades (35 y 34 años respectivamente), afrontaron posiblemente su último Clásico Mundial y lograron despedirse en lo más alto dentro de lo competición.
Ahora, la generación liderada por Ronald Acuña Jr y Luis Arráez, además de Maikel García, Jackson Chourio o Wylier Abreu, llegarán a 2029 con la misión de repetir la gesta, y recordarle nuevamente al mundo que la pasión, entrega, agradecimiento a Dios y el amor hacia su país y fanaticada, alimentan a la nueva campeona del Clásico.
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