Este martes, los Padres de San Diego decidieron promover al receptor venezolano de 20 años Ethan Salas este martes, coincidiendo con la ampliación de los rosters a 28 jugadores.
El camino de Salas hacia las Grandes Ligas no ha sido tan lineal como podía imaginarse cuando los Padres lo firmaron como uno de los prospectos internacionales más prometedores de su generación. Sin embargo, después de superar un complicado 2024 y prácticamente perder el 2025 por una lesión en la espalda, el receptor volvió a demostrar en 2026 por qué alguna vez fue considerado uno de los talentos jóvenes más importantes de todo el béisbol.
Si aparece detrás del plato, será el receptor más joven en participar en un encuentro de Grandes Ligas desde Iván Rodríguez en 1991, cuando el futuro miembro del Salón de la Fama tenía 19 años.
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Ethan Salas obtuvo su recompensa con los Padres de San Diego
Cuando los Padres firmaron a Ethan Salas en enero de 2023 por un bono de $5.6 millones, lo hicieron como el principal prospecto internacional de aquella clase. El receptor, nacido en Florida y formado también en Venezuela, llegó a la organización como una “eminencia” con apenas 16 años.
Eso llevó a que San Diego acelerara rápidamente su desarrollo. El criollo comenzó su carrera profesional en 2023 y llegó hasta Doble-A durante esa misma temporada, una progresión extremadamente agresiva para un adolescente. El problema apareció al año siguiente.
En 2024, jugando toda la campaña en Clase A Fuerte, bateó apenas .206/.288/.311 en 111 encuentros, con cuatro cuadrangulares. Su rendimiento ofensivo provocó que su valoración como prospecto descendiera, aunque sus herramientas defensivas detrás del plato continuaron siendo consideradas de primer nivel.
Una reacción por estrés en la espalda limitó a Salas a solamente 10 partidos durante 2025. Esa lesión hizo que desapareciera incluso del Top 100 de MLB Pipeline al comenzar 2026.
Para 2026, comenzó en la filial Doble-A del equipo y bateó .286/.361/.417 en 72 partidos, con siete jonrones, 13 dobles, 37 carreras impulsadas y 14 bases robadas. Entre los receptores calificados de la Liga de Texas terminó primero en promedio de bateo y empatado en el primer lugar en imparables.
Ese rendimiento le permitió ascender a Triple-A El Paso a finales de julio. Allí tampoco necesitó demasiado tiempo para adaptarse. En 24 partidos registró una línea de .326/.410/.539, con un OPS de .949, tres jonrones, 24 carreras impulsadas y más bases por bolas que ponches.
Su evolución explica por qué los Padres de San Diego decidieron no desprenderse de él mientras realizaban movimientos importantes en su roster. Ahora, la organización tendrá la oportunidad de observarlo directamente durante la recta final de una temporada en la que San Diego pelea por un puesto de Wild Card en la Liga Nacional.






