Kevin Durant analiza el auge internacional en la NBA

El contexto del dominio internacional

La expansión internacional en la NBA alcanza su punto más alto en esta década, con una mayoría de los mejores jugadores de la liga nacidos fuera de Estados Unidos. Sin embargo, Kevin Durant, todavía uno de los referentes estadounidenses, ha ofrecido una lectura reposada sobre este fenómeno, al que califica como una evolución natural del juego y no como una ruptura con la tradición. El alero de los Suns, con diecisiete años de trayectoria en la liga, observa que el actual protagonismo de los talentos globales no es un hecho aislado, sino el resultado de un proceso que arrancó hace más de cuatro décadas, cuando los primeros europeos y latinoamericanos comenzaron a pisar las canchas de la NBA.

Durant subraya que el baloncesto estadounidense ha sido durante mucho tiempo el espejo en el que se miraron las generaciones foráneas. Su discurso no cuestiona el mérito de los internacionales, sino que sitúa su éxito en una línea de continuidad con el legado de su país. “El baloncesto se juega en todo el mundo. Ese es el objetivo, desarrollar el baloncesto en todas partes. Ya era hora de que los internacionales fueran los mejores de la liga. Han estado llegando desde los 80, es natural que algunos de ellos se hayan convertido en los mejores”, declaró Durant en una reciente entrevista. Con estas palabras, el jugador enmarca el fenómeno dentro de un ciclo lógico de evolución deportiva, donde el aprendizaje y la imitación juegan un papel central.

La influencia estadounidense como punto de partida

Para Durant, la clave del éxito internacional no está en una supuesta superioridad genética o táctica, sino en la admiración y el estudio de los referentes estadounidenses. El alero fue contundente al señalar que los actuales dominadores de la liga, como el serbio Nikola Jokic, el letón Kristaps Porzingis o el canadiense Shai Gilgeous-Alexander, crecieron siguiendo los pasos de los grandes jugadores de EE.UU. “La verdadera pregunta es: ¿quién los influyó? Fueron los estadounidenses quienes influyeron en ellos. Es genial que algunos ganaran premios MVP, pero ¿a quién admiraban? Jokic, Porzingis, Shai, todos usaban las camisetas de Iverson e imitaban sus crossovers. Intentaron jugar como nosotros y lo lograron a su manera”, explicó Durant.

Esta declaración pone el acento en la capacidad de adaptación de los jugadores foráneos, que tomaron los fundamentos y el estilo del baloncesto estadounidense y los reinterpretaron con sus propias herramientas. Durant no reduce el fenómeno a una simple copia, sino que lo describe como un proceso de asimilación creativa, en el que cada jugador añade su sello personal. Esa mezcla de influencia y originalidad es, a su juicio, lo que ha elevado el nivel competitivo de la liga y ha hecho que los internacionales ocupen hoy los primeros puestos en las votaciones para el Jugador Más Valioso y en los quintetos ideales.

El caso de Shai Gilgeous-Alexander y la formación en EE.UU.

Uno de los puntos más matizados de la intervención de Durant fue el caso de Shai Gilgeous-Alexander, base de los Oklahoma City Thunder y uno de los candidatos al MVP de esta temporada. Aunque Gilgeous-Alexander es de nacionalidad canadiense, Durant recordó que gran parte de su desarrollo como jugador de élite se produjo en el sistema estadounidense. “Y luego está Shai Gilgeous-Alexander. ¿Es un jugador internacional? Pero gran parte de su camino para convertirse en jugador de la NBA se forjó en el sistema estadounidense. ¿Dónde estudió la universidad? ¿Dónde jugó en la preparatoria? Hay muchos factores que explican por qué estos chicos están donde están, y el mérito principal es del arduo trabajo que realizaron”, afirmó.

Con esta observación, Durant introduce un matiz relevante: la etiqueta de “internacional” no siempre refleja la totalidad del proceso formativo. Muchos de estos jugadores han pasado años compitiendo en ligas juveniles, torneos universitarios y campos de entrenamiento en Estados Unidos, lo que les ha permitido absorber la cultura baloncestística del país. Eso no resta valor a su esfuerzo individual, pero sí sitúa el éxito en un ecosistema que sigue teniendo a EE.UU. como epicentro de la formación y el estilo.

La evolución natural como clave del ciclo

Durant insistió en que todo este movimiento responde a una dinámica ya vista en generaciones anteriores. “Pero todo es imitación. ¿A quién admiras y a quién intentas imitar en la cancha? Así es como todos progresan. ¿A quién imitaron? Al Dream Team, a los jugadores estadounidenses. Así que aprendieron de nosotros, como yo aprendí de los jugadores estadounidenses. Mi generación aprendió de los que me precedieron. Es una evolución natural”, sentenció. Con esta afirmación, el jugador equipara el ascenso de los internacionales al relevo generacional que siempre ha existido dentro del propio baloncesto estadounidense, donde cada época toma como referencia a la anterior para superarla.

Durant llevó su razonamiento hasta el extremo de preguntarse por la influencia de Luka Doncic, el esloveno que ya es considerado una de las caras de la liga. “¿De quién sacó Luka Doncic sus movimientos? Y al final, ni siquiera importa. Me encantan los jugadores que quieren ser como Luka Doncic y Michael Jordan. Necesitamos más inspiración de diferentes países y entornos. ¿Por qué no? Me encanta ver a Luka, de otro país, driblando como nosotros, y está trayendo un poco de la cultura del baloncesto estadounidense a su país, y eso también me gusta”, concluyó el alero. Con estas palabras, Durant cierra su intervención con una visión abierta y cíclica, donde el intercambio de influencias no debilita la identidad del juego, sino que la enriquece.

Un debate abierto sobre el origen del talento

Las declaraciones de Durant llegan en un momento en el que la discusión sobre el dominio extranjero en la NBA está más viva que nunca. Con seis de los últimos ocho premios MVP entregados a jugadores no estadounidenses, y con plantillas que cada temporada suman más de 120 internacionales de 40 países distintos, el debate sobre el origen del talento y su formación se ha instalado en el centro de la narrativa de la liga. Durant no ofrece una respuesta definitiva, pero aporta una perspectiva que desvía la atención del simple dato geográfico para ponerla en el proceso de aprendizaje y en la herencia cultural del baloncesto.

La postura del jugador de los Rockets, lejos de restar mérito a los internacionales, reconoce su trabajo y su capacidad para asimilar y transformar lo aprendido. Al mismo tiempo, reivindica el papel de Estados Unidos como cuna de un estilo que ha sido exportado y replicado en todo el mundo. En ese sentido, su análisis no es excluyente, sino integrador: el baloncesto crece porque las fronteras se desdibujan y los jugadores viajan, miran, imitan y mejoran. Esa circularidad, para Durant, es la verdadera razón del éxito actual del baloncesto global.

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