La eliminación de Japón en los cuartos de final del Clásico Mundial de Béisbol fue de los momentos más sorpresivos para todos los seguidores del torneo, pues ver al vigente campeón fuera de carrera antes de las semifinales era algo que nadie estaba esperando, y menos después de haber pasado invictos de la fase de grupos.
Horas después, llegó otra noticia igual de sorpresiva y fue el anuncio de la renuncia de su dirigente, Hirokazu Ibata. La derrota 8-5 frente a Venezuela no solo rompió una racha histórica, sino que también cerró definitivamente una etapa en el proyecto japonés con Ibata.
“El resultado lo es todo“, declaró el dirigente según reportes en Japón, reconociendo el peso de una eliminación que fue, cuanto menos, inesperada.

Japón pasó del invicto en Tokio a perder en su primer juego en Miami
El recorrido de Japón en el torneo había sido impecable hasta su llegada a Miami. Cuatro victorias en el Grupo C -ante China Taipei, Corea del Sur, Australia y República Checa- los exaltaban nuevamente como favoritos para llegar a la final, contando sobre todo con un Shohei Ohtani encendido.
El juego de cuartos de final comenzó con intensidad desde el primer inning, con cuadrangulares tempranos de ambas novenas que marcaron el duelo. El combinado nipón logró fabricar cinco carreras en los primeros episodios, incluyendo un tramo en el que parecía tomar control del encuentro, pero ese impulso se diluyó con la excelsa actuación del bullpen criollo y la respuesta de la ofensiva comandada por el jonrón de tres carreras de Wilyer Abreu para dar vuelta al box score.
El bullpen venezolano completó la obra con una actuación dominante, retirando a 13 bateadores consecutivos y cerrando cualquier posibilidad de remontada asiática. El out final, con elevado de Shohei Ohtani, selló una victoria que ya forma parte de la historia del torneo.
Se trató de la primera vez que Japón no alcanza las semifinales del Clásico Mundial, un hecho inédito para una selección que había ganado el torneo en tres ocasiones y que llegaba como campeona defensora.
En ese contexto, la decisión de Hirokazu Ibata cobra sentido dentro de la exigencia histórica del béisbol japonés, en el cual no cumplir con las expectativas ya es motivo de deshonra.






