Michael Jordan volvió a sentarse frente a Mike Tirico en un nuevo capítulo del programa MJ: Insights to Excellence, transmitido por NBC. La conversación giró en torno a un tema que ha marcado toda su carrera: la pasión por el baloncesto. A sus 62 años, el seis veces campeón de la NBA compartió recuerdos, reflexiones y comparaciones entre su época y la actualidad, destacando la importancia de mantener el amor por el juego como motor principal.
Amor eterno al baloncesto
Durante la entrevista, que se extendió por casi cinco minutos, Jordan recordó una cláusula particular de su contrato con los Chicago Bulls. Según explicó, esa disposición le permitía jugar partidos informales en cualquier lugar sin que su contrato se viera afectado en caso de lesión. “Si voy en coche contigo por la calle y veo un partido de baloncesto al lado de la carretera, puedo ir a jugarlo, y si me lesiono, mi contrato sigue garantizado”, relató. Para él, esa cláusula reflejaba su compromiso absoluto con el deporte: “Amo tanto el juego que nunca dejaría que nadie me quitara la oportunidad de jugar”.
Jordan insistió en que su misión siempre fue alcanzar cada meta que se le presentaba en la cancha. Su enfoque, según explicó, era simple: entrar al rectángulo de juego y dar lo mejor de sí. Esa mentalidad, afirmó, puede servir de guía para los jugadores actuales, quienes enfrentan un entorno distinto, marcado por rutinas de entrenamiento más individualizadas y por la influencia de las redes sociales.
La preparación de antes y la de hoy día
El cinco veces MVP de la liga contrastó los métodos de preparación de su época con los que predominan hoy. “Hoy en día, los jugadores reciben atención individual de su entrenador, para salir y lanzar 100 o 1000 tiros. Yo descubrí lo que era beneficioso para mí: ir a jugar al baloncesto. Eso es lo que hacías. Eso es lo que hacías de niño”, señaló. Para ilustrar su punto, recordó el caso de Larry Bird, quien dedicó un verano completo a mejorar el uso de ambas manos jugando partidos, no únicamente repitiendo ejercicios técnicos. Jordan resumió su filosofía en una frase: “Es difícil tener hambre. Así de simple. Si la tienes, estás dispuesto a hacer lo que sea para conseguirlo”.
El campeón olímpico en Barcelona 1992 también se refirió a las diferencias entre su época y la actualidad en cuanto a la exposición pública de los atletas. Reconoció que hoy los jugadores deben lidiar con un escrutinio mucho más intenso debido a las redes sociales y la cobertura mediática permanente. “Me gusta pensar que, si jugara hoy, pase lo que pase, mi juego validará todo lo que intente hacer fuera del deporte”, comentó. Aun así, valoró el esfuerzo de muchos jugadores contemporáneos por mantener la esencia del baloncesto y preservar la pureza de su relación con el deporte. “Jugábamos a este juego, siempre lo he dicho, lo jugábamos gratis. Lo hacíamos. Y ahora resulta que nos pagan por ello”, añadió.
La conversación también abordó el impacto de Jordan fuera de las canchas. Su asociación con Nike y la creación de Jordan Brand marcaron un antes y un después en la industria del marketing deportivo. El logotipo Jumpman se convirtió en un símbolo global, trascendiendo el baloncesto y consolidando un modelo de negocio que muchos atletas han intentado replicar. Jordan explicó que el origen de esa marca estuvo directamente vinculado a su desempeño en la cancha. “Esa marca se estableció en base a lo que hice en la cancha de baloncesto. No prioricé la marca antes de dedicarme al trabajo. Prioricé el trabajo, y luego la marca evolucionó gracias al trabajo”, concluyó.
Un legado único e irrepetible
El diálogo con Tirico dejó en claro que, para Jordan, la pasión por el baloncesto sigue siendo el eje central de su legado. Su visión se mantiene firme: el éxito deportivo y comercial debe construirse a partir del rendimiento en la cancha, y el amor por el juego es la base sobre la cual se edifica todo lo demás.
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