El Atlético registra su primera derrota en un siempre difícil San Mamés.
El Atlético de Madrid tenía una buena oportunidad de echar el guante al Real Madrid, ponerse primero y agarrarse al liderato a expensas de lo que pudiera hacer el Barcelona en Mestalla. Estar enganchado a La Liga, no soltarse, no perder rueda en los primeros tres meses de campeonato que es lo que le ha pasado las dos últimas campañas, ese es un primer objetivo primordial este año en el Metropolitano. Pero enfrente tenía a un histórico y siempre complicado Athletic Club que, cuando el partido es en San Mamés, hace que el rival tenga que multiplicar sus esfuerzos para redoblar a unos leones que lo son más que nunca espoleados por su afición y su feudo. Por algo San Mamés es la Catedral, y lo sigue siendo en el nuevo San Mamés.
Ayer fue uno de esos partidos, uno de los que los gana San Mamés y su afición porque empujan al equipo bilbaíno hasta merendarse al rival como si fuera cualquier cosa. Y es que, la primera parte fue claramente del Atlético de Madrid. Desde el principio, los nuevos jerarcas de este equipo colchonero, Pablo Barrios, Álex Baena y Kang In Lee llevaron el control, los tempos y, sobre todo estos dos últimos el peligro. Por si fuera poco conectan como un mecanismo bien engrasado y es que, Kang In la estrelló en el palo a los pocos minutos de empezar el partido, primer aviso tras dejar a Yuri aún buscando la cintura. Pero luego el surcoreano asistiría a Baena para que este obligara a Unai Simón, su compañero de Selección a poner su mejor empeño en atajar el balón. Parecía que en menos de media hora el Atlético estaría por delante.
Idas y venidas que no transformaban y una momentánea desconexión que le valió a los bilbaínos
Pero no se concretaban ni materializaban en gol las llegadas colchoneras y, el Athletic, aunque con mucho menos peligro, también tenía sus momentos y sobre todo aguantaba las acometidas del conjunto madrileño como ese boxeador que aguanta golpes a la espera de soltar un buen directo a la mandíbula.
Y así sería porque el Atlético de Madrid tuvo cinco minutos de desconexión en los comienzos de la segunda parte que le valieron al Athletic Club para soltar, como buenos leones, dos zarpazos decisivos al cuello de los del Metropolitano para dejar casi sentenciado el partido. Todo ello acompañado de un San Mamés que se convirtió en una auténtica caldera que espoleaba a los locales a devorar a los del Cholo.
Iñaki Williams salió como un avión con la pelota controlada hacia Oblak mientras aún se protestaba un saque de banda, Hancko taponó el disparo pero el rebote quedó como regalo para que su hermano Nico Williams, adelantádose a Llorente, remachara de cabeza. Tras el primero, los bilbaínos siguieron como centellas y en menos de dos minutos, Sancet y de nuevo, Iñaki Williams lanzaron una contra para que, esta vez Navarro hiciera el segundo tanto local. El Atlético de Madrid estaba efectivamente, cual boxeador que ha recibido ese derechazo a la mandíbula, en la lona y KO.
Hasta cuatro cambios haría Simeone rondando la hora de partido para intentar hacer una RCP a su equipo, pero el paciente estaba en un coma muy profundo. Julián Álvarez, Koke, Arnau Ortiz y Cristian Romero saltaron al verde sustituyendo a Hjulmand, Lookman, Kang In y Giuliano. Pero era demasiado tarde y la distancia muy abultada. Por si fuera poco, el Athletic asestaría el disparo de gracia con un 3-0 en las botas de un Sancet que ayer hizo un grandísimo encuentro.
El Atlético de Madrid deja pasar una oportunidad, difícil si, pero una oportunidad, de situarse arriba junto a Real Madrid y barcelona.







